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Hugo O'Connor Salmon
INTRODUCCION
A raíz de la publicación del investigador argentino Ariel Goldstein, de su libro “Poder Evangélico”, he sentido el deber ético de elaborar este breve ensayo, sobre del rol que juegan en la sociedad humana, las distintas creencias religiosas en el plano político.
La libertad de pensamiento, incluyendo las
opciones religiosas que cada persona desea asumir y defender, se ha visto
avasallada al ser
impuesta a las demás personas a escala humana, a lo largo de
la historia de las sociedades. A esto se le ha llamado catequesis o
evangelización. Incluso tomó el nombre de “extirpación de idolatrías” la
represión de las creencias nativas.
Es así como las creencias a través de las sociedades, se han organizado en iglesias, mezquitas, sinagogas o templos, con mayor o menor severidad y adoctrinamiento, según su vínculo con los sistemas políticos y la conservación del statu quo de cada época histórica, pretendiendo ofrecer respuestas a las necesidades morales y a la incertidumbre frente a un futuro adverso o ante la muerte de millones de personas.
Las confesiones religiosas, muchas veces llevadas al extremo, han sido y aún (en la mayoría de veces) son útiles instrumentos del poder establecido. Se han ocultado los intereses económicos y militares que las propician, tras el disfraz de “santas cruzadas”. La fe proclamada y no apelable, no recurre ni requiere de la razón para justificar su accionar cotidiano. En lo personal sirve de paliativo o resignación ante la pérdida de seres queridos o para aplacar la angustia ante algún desastre y la cercanía inevitable muerte.
Es conocida la frase: “la pasión enturbia la razón”. Sin embargo, en la cosmovisión ancestral prehispánica, se unía la razón y el sentimiento, como orientación para realizar cualquier obra.
En la lengua runa simi o quechua aún hoy se suele decir: Allinta yachay, allinta munay, allinta ruway, es decir, “primero piénsalo, luego siéntelo y entonces hazlo”. Este poderoso pensamiento integrador, basado en el trabajo mancomunado y el respeto a la pacha mama, les permitió a las culturas prehispánicas, edificar un gran imperio inca: el Tawantinsuyo.
En contraste, la invasión europea trajo una cosmovisión totalmente diferente: el individuo es sometido a preceptos inflexibles y castigos divinos, manejados según interés del colonizador, el clero y el poder político, orden que implantó y se mantuvo durante 3 siglos.
Derrocada la Colonia e instaurada la nueva República, estos atavismos impuestos en la población se han seguido transmitiendo, a través de generaciones, gracias a las élites dominantes. Como ejemplo ilustrativo, un hacendado del norte peruano tuvo la iniciativa de colocar un cartel a la entrada de “su” hacienda, con la frase: “calla, reza y trabaja”, lo que significó una verdadera receta para inculcar la resignación y el sometimiento de “sus campesinos”, en una relación semi-feudal, e incluso esclavista (negros y chinos), en las propiedades agrícolas, principalmente de la Costa.
Practicar una determinada fe o creencia constituye un derecho individual inalienable, que debe respetarse, pero no es menos cierto que “la libertad de una persona termina donde empieza la libertad del prójimo”. El considerar, que los demás deben profesar la misma fe que uno y más aún, que la sociedad entera debe ser moldeada de acuerdo a dicha fe, constituye un verdadero atropello, profundamente anti democrático.
La creencia religiosa expandida a nivel de la sociedad, no necesita debate alguno y, su aplicación se da por medio de la persuasión o por imposición, por lo tanto no requiere del acuerdo entre personas, sino solo aceptarla.
ALIANZA ‘NON SANCTA’ ENTRE GOBERNANTES Y GRUPOS RELIGIOSOS
El diario norteamericano The New York Times transcribe fragmentos de algunos discursos del presidente de EEUU Donald Trump, durante la campaña electoral de 2016: “El cristianismo tendrá poder”... “Si llego ahí, ustedes van a tener mucho poder, no necesitarán a nadie más. Van a tener a alguien que los representará muy muy bien. Recuerden eso”.
A primera vista parecer haber una flagrante
contradicción entre los grupos religiosos, defensores acérrimos de la moral y
“las buenas costumbres” y un personaje corrupto, manipulador, abusador de
mujeres y confrontacional.
Ante esta incongruencia, el mencionado diario intenta
analizar la relación entre las iglesias y el poder: "Los evangélicos no
apoyaron a Trump a pesar de ser quien es. Lo apoyaron por ser quien es y por
quienes son ellos. Trump es su protector, el bravucón que está de su lado, el
que les ofreció seguridad en medio de sus temores de que el país, tal como lo
conocen, y su lugar en él, están cambiando con mucha rapidez. Los matrimonios
heterosexuales blancos con hijos que van de manera regular a la iglesia ya no
son el tipo de familia estadounidense que predomina. Todo un estilo de vida, en
el que sus valores prevalecían, podría estar rumbo a la extinción. Y Trump
ofreció devolverles el poder, como si no lo hubieran tenido todo este tiempo."
Esta coincidencia utilitaria se reproduce con otros gobiernos de Latinoamérica como el de Brasil, que ha rendido frutos en conquistar el poder, por elecciones o en el caso de Bolivia, vía golpe de Estado, para hacer retroceder las conquistas sociales de gobiernos anteriores, en base a promover el miedo a los cambios, apelando a los sectores más conservadores de la sociedad. Recuérdese a los golpistas entrando a la sede del Gobierno con una biblia como estandarte.
¿ESTADO LAICO O ESTADO RELIGIOSO?
Siendo el Estado el
instrumento de control y orden social, debería regirse por principios
democráticos, lo que supone diálogo, debate de ideas y propuestas, que en buena
cuenta exigen pensar y deliberar, para llegar a acuerdos por mayoría. Ello
significa que las minorías acepten estos acuerdos y también se respete su
derecho a expresarse como tales.
Algunos signos de cuanto ha penetrado el dogma religioso en el aparato estatal se dan en el Perú. Luego de la independencia de España, se aprueba la letra del Himno Nacional del Perú, en el que se incluyen estrofas de contenido claramente religioso, como estas frases: “que la Patria al Eterno elevó” o “renovemos el gran juramento que rendimos al Dios de Jacob”. En los años 30 del siglo pasado, la élite económica y política propuso la denominada “Consagración del Perú al Corazón de Jesús”.
Juan José Pacheco Ibarra escribe en el portal Rincón de la Historia Peruana, lo siguiente: “Durante el segundo gobierno de Augusto B. Leguía se promovió la consagración del Perú al Corazón de Jesús. Pedro Rada y Gamio hombre de confianza de Leguía, fue el principal impulsor de la iniciativa. El 15 de mayo de 1923 el arzobispo de Lima, Emilio Lissón había decidido con el apoyo de varios obispos consagrar al Perú a la advocación del Sagrado Corazón de Jesús. Esta acción fue vista por los grupos opositores al gobierno como una forma de explotar el sentimiento católico de los limeños para apoyar la relección de Leguía”.
Mucho después, en 1954 y luego 1985 se insiste en la propuesta de la consagración. Si esto solo fuera figurativo, no tendría mayor importancia, sin embargo el propósito es utilizar la religión como instrumento de dominación cultural. No fue casual que Pizarro en 1532 se hizo acompañar del sacerdote Valverde, para realizar la Conquista, usando la espada y la cruz.
En el aspecto económico, se firmó un acuerdo a
nombre del Estado peruano (Concordato Perú-Vaticano el 19 de julio de 1980),
para subvencionar económicamente a la jerarquía eclesiástica católica del país.
Como si no fuera suficiente, los colegios religiosos que se encargan de educar a
los hijos de las clases adineradas, recaudan ingentes cantidades de dinero, los
cuales están libres de pagar impuestos. Este es lucrar con la educación, con la
protección del propio Estado.
Otros signos de la infiltración religiosa en el Estado Peruano son: la asistencia obligatoria del Presidente de la República cada 28 de julo, con su Gabinete entero a la misa Te Deum, oficiada en la Catedral de Lima por el Arzobispo o la ceremonia de juramentación con cada ministro de Estado, arrodillándose ante una biblia y un crucifijo cristiano. Así mismo, en el escudo de la Policía Nacional del Perú se coloca la frase “Dios, Patria y Ley”. Original o no, Colombia exhibe similar lema en su policía.
En el mundo, otras religiones de Occidente y Medio Oriente han declarado abiertamente el carácter religioso de algunos Estados, tanto islámicos como judío. En cuanto a estos últimos, van aún más lejos. Sostienen que su dios les dio la “tierra prometida”, que es justamente el territorio ancestralmente compartido por hebreos, palestinos y árabes. Basados en la doctrina del Sión, han implantado desde 1948 un Estado judío (Israel) en pleno corazón de la Palestina, el cual se va expandiendo merced a invadir a sus vecinos, mediante la fuerza militar, con el apoyo de las grandes potencias occidentales. Israel, como Estado judío ha creado un verdadero campo de concentración en Gaza, emulando vergonzosamente al nazismo alemán que los persiguió antes y durante la II Guerra Mundial. Cuando se entrevista a ciudadanos de la calle en Israel, ellos manifiestan que todos los territorios ocupados les pertenecen, porque Jehová se los dio por ser el “pueblo elegido”.
Aunque bélicamente menos expansivo, el islam en sus dos principales variantes, chiitas y suníes se han enfrentado sangrientamente entre países vecinos por ambiciones políticas. Existen además, grupos armados fundamentalistas como el denominado “Estado Islámico” o la organización Al Qaeda, que recurren a prácticas crueles de asesinatos masivos. Otro caso particular es el actual gobierno de Turquía que parece añorar el restablecimiento progresivo el otrora gran Imperio Otomano de origen musulmán, a costa de amenazar o invadir a sus vecinos cercanos, como son Chipre, Grecia y Libia, incluso poniendo en riesgo su pertenencia a la Unión Europea.
EL FUNDAMENTALISMO (O TOTALITARISMO) RELIGIOSO
El libro “Poder Evangélico” que hacemos mención en la introducción, abre un interesante debate sobre el papel de ciertas “denominaciones” o sectas derivadas del tronco cristiano en el contexto latinoamericano, deteniéndose en el caso de Brasil.
Una rápida mirada al continente, nos deja ver que se trata de una amplia ola fundamentalista, restauradora de gobiernos abiertamente conservadores e incluso extremistas de derecha, levantando las banderas de una cruzada contra todo pensamiento progresista. Si bien no se debe involucrar en ello a todas las denominaciones evangélicas y órdenes católicas, si es evidente la abierta simpatía de los sectores más conservadores de la Iglesia Católica por un lado y el Movimiento Misionero Mundial por otro, como cabezas visibles de esta nueva “santa” alianza. Además se movilizan otros grupos evangélicos que comparten este mismo propósito como las Iglesias Metodista, Bethel, Aposento Alto, Asambleas Pentecostales, entre otras.
El objetivo común es eliminar las reformas conquistadas o propuestas sobre los derechos humanos, equidad de género, leyes contra el feminicidio y el respeto las minorías sexuales, así como mantener la tradicional división de roles de niños y niñas, bajo la consigna “con mis hijos no te metas” para fortalecer la misoginia y el patriarcado. Triste recordar al ex cardenal Cipriani y sus declaraciones sobre el feminicidio: “La mujer se pone como en un escaparate”.
La cruzada de los sectores retrógrados de la iglesia, sirven de útil apoyo social y electoral a los sectores supremacistas y racistas (como en EEUU) y gobiernos conservadores e incluso autoritarios (en Brasil) y golpistas (en Bolivia). Así han logrado llegar a la cúspide del poder, incluyendo a presidentes, ministros, jueces y parlamentarios.
Es
útil recordar la historia reciente de la guerra civil española, (1936-1939)
promovida por el militarismo (Falange Española) en íntima alianza con la Iglesia
Católica
dominada por el Opus Dei, que se dedicó a la más cruel matanza de miles
de opositores, durante 36 años de feroz dictadura. Tuve la oportunidad de tener
en mis manos una peseta española en 1969, donde se mostraba “Francisco
Franco, caudillo de España por la Gracia de Dios”.
En el Perú, tras el telón de esta cruzada se mueven grupos como la “Coordinadora Republicana” que, ante la debacle de los partidos de derecha, se suma a los grupos religiosos conservadores, para asumir el rol de jueces de la moral y “buenas costumbres”, pero sobre todo, para mantener el modelo neoliberal y los abismos sociales. Los primeros dando la orientación política y los segundos ofreciéndoles la base social de sectores barriales como masa de maniobra y disciplinado electorado.
El fujimorismo trabajó en los sectores de muy bajos recursos, mediante dádivas económicas o materiales, alimentando un perverso paternalismo. Los grupos evangélicos en cambio, mediante la fe hacia sus pastores someten a estos sectores a la pasividad y conformismo, propagando el miedo al cambio. No tienen el menor escrúpulo en difundir fantasmas creados por ellos mismos, como “no a la ideología de género” o “quieren homosexualizar nuestra sociedad”.
Para esta moderna inquisición ello cuentan con poderosos recursos económicos: Centros educativos religiosos, limosnas, aportes del Estado, financiamiento de iglesias extranjeras o los obligatorios diezmos de los fieles evangélicos. Pero sobre todo, se apoyan en los niveles de conciencia social más atrasados de los sectores marginales, que viven en extrema pobreza, para manipularlos y fanatizarlos tras alguna de estas consignas medievales.
28 set 2020