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EEUU después de la guerra de Irak [ II ]      Por R.W. Bradford           

 

Detrás del humo y los espejos

Este artículo fue publicado en la revista Liberty, en el número de Junio de 2003.         

La guerra en Irak no fue ni por Osama Bin Laden, ni por las armas de destrucción masiva. Tampoco fue por la libertad del pueblo iraquí ni el petróleo. Un análisis brillante de las motivaciones que expuso Bush para justificar su guerra.

Los (norte)americanos han sido extraordinariamente ingenuos. Participaron de la Primer Guerra Mundial apoyando a Inglaterra, Francia y Rusia creyendo que así colaboraban a "salvar el mundo democrático" a pesar de que su enemigo en común, Alemania, no era menos demócrata que los países que buscaban borrarla del mapa. Promulgaron la prohibición del alcohol bajo que la convicción de que tal medida terminaría con un montón de problemas tales como el alcoholismo, la pobreza infantil y el ausentismo laboral.  Declararon una Guerra a las Drogas convencidos de que si arrestaban a los consumidores de substancias que no fueran ni el alcohol ni el tabaco y los encarcelaban por un largo período de tiempo, -mientras producían avisos publicitarios sobre los peligros de drogas sin nicotina ni alcohol- terminarían acabando con el daño que ocasionan el uso de estimulantes. 

La reacción de los (norte)americanos frente a la Guerra de Irak ilustra de nuevo su ingenuidad. En realidad, sugiere que los (norte)americanos han superado la esfera de la ingenuidad para pasar a un estadio superior habitado por aquellos desesperanzados adictos a la chapucería.

Consideremos por qué los (norte)americanos han concluido que la conquista de Irak ha sido una Buena Causa. El régimen de Bush II le ha ofrecido tres motivos para la invasión a Irak:

1.    Saddam Hussein ha estado detrás de los ataques terroristas del 11-9 y merece ser castigado.

El gobierno ha manifestado en repetidas oportunidades este motivo a pesar del hecho de que los terroristas que participaron en ese acto son parte de un grupo fundamentalista islámico revolucionario que se encuentra diametralmente opuesto al Islam moderno, secular y socialista que propone Saddam, más allá de no haberse encontrado un ápice de evidencia respecto a que Saddam haya estado envuelto en la trama del 11-9. Y la campaña fue exitosa: poco antes de la invasión a Irak la mitad de los (norte)americanos creía que Saddam había ordenado los ataques del 11-9.

Las evidente falsedad de esta argumentación a favor de la conquista fue aparente para la mayoría de los (norte)americanos y otra explicación fue necesaria. Entonces Bush y sus colaboradores se aparecieron con otro motivo:

2.    Saddam Hussein había desarrollado armas de destrucción masiva (ADM) y estaba trabajando en otras más. Esto justificaba conquistar Irak.

El gobierno argumentaba que Saddam estaba burlando los acuerdos acerca de llevar a cabo el desarrollo de ADM, o sea, el tipo de armas sofisticadas que poseen los Estados Unidos. Bush decía que "Saddam ya tiene armas biológicas y si no lo detenemos desarrollará métodos para expandirlas. Y que también está trabajando en armas nucleares. Una vez que él se expanda militarmente los (norte)americanos seremos vulnerables a sus violentas ambiciones y nunca estaremos seguros. Si no lo atacamos ahora él nos atacará ocasionándonos un daño peor que el ataque del 11-9".

Esta explicación fue también ofrecida a las Naciones Unidas para tratar de conseguir el respaldo mundial a los EEUU para conquistar Irak. El punto que trataba de mostrar Bush era que Saddam violaba los acuerdos de la ONU sobre ADM y que, por lo tanto, justificaba una invasión colectiva de alcance internacional (léase, bajo la conducción de los EEUU) contra Irak. Cuando fue evidente que este argumento no convencía a casi nadie de los miembros de la ONU y de su Consejo de Seguridad, fue retirado.

Falló en convencer a mucha gente fuera de los EEUU pero el homo americanus compró el buzón de las ADM con los ojos cerrados. "Detengan a este loco antes que sea demasiado tarde", clamaban, "porque de otro modo, nunca más estaremos seguros en nuestras casas".

Así comenzó la conquista. A medida que la invasión se realizaba parecía dudoso creer que Saddam podía tener en su poder las armas biológicas de las que hablaba el gobierno. Incluso muy cerca de la aniquilación, las tropas de Saddam no utilizaron las ADM que Bush decía que Saddam tenía y que usaría ante la más mínima provocación.

Algunos (norte)americanos comenzaron a dudar, sobre todo, cuando las fuerzas invasoras no encontraban las dichosas armas por ningún lado. A decir verdad, la única evidencia que mostraron los marines norteamericanos del descubrimiento de ADM fue unas máscaras anti-gas y unos antídotos que hallaron en algún hospital iraquí que requisaron. Esto probaba que los iraquíes poseían ADM porque, bueno, si no fuera así ¿para qué iban a querer tener ciertos elementos para defenderse de ataques químicos? Hasta donde yo sé, nadie se ha dado cuenta de que esta lógica sugeriría que cada familia norteamericana que haya construido un bunker durante la Guerra Fría tendría que tener armas nucleares en su poder.

El presidente Bush cuenta con la más sofisticada red de inteligencia del mundo. Seguramente ésta le proveyó información sobre el arsenal que tenía Saddam, incluyendo si poseía alguna arma biológica o nuclear. Lo que es evidente es que no las tenía porque de haberlo hecho las hubiera usado contra la fuerza invasora norteamericana que acabó en poco tiempo con su gobierno y que declaró buscarlo para matarlo. Creer que Bush se creyó el cuento que sus colaboradores le vendieron a la ONU es creer que la red inteligencia de EEUU es muy incompetente.

Hay otro problema con esta explicación. Las armas biológicas no son particularmente armas eficaces. Son muy difíciles de controlar al punto que pueden matar tanto al enemigo como a los del mismo bando. Y son menos destructivas que las armas que los EEUU utilizaron en la invasión. No eran una amenaza para nosotros. Además, aún si Saddam las hubiera poseído, no hubiera habido forma de que nos atacara con ellas. (Vale llamar la atención sobre el caso del ántrax que tuvo su origen en el Programa Ántrax del propio gobierno de EEUU y no en Irak u otro país extranjero.)

En realidad, la idea de que las armas biológicas son altamente destructivas son un ardid de las relaciones públicas. En toda la historia, las armas biológicas han matado a 100 mil personas, el mismo número de personas asesinadas por las armas convencionales que los EEUU usaron un solo día en Japón en el año 1945. Y el desarrollo del arma convencional más destructiva de la historia por parte de los EEUU –un monstruo de 21.000 toneladas que la administración Bush llamó "la madre de todas las bombas"- y la amenaza de uso que le hizo Bush a Saddam por sus efectos "psicológicos" sugiere que el término de "terrorista" le cabe tanto a los EEUU de Bush II como la Irak de Saddam.

Era obvio que la argumentación sobre las armas masivas se caía por sí sola incluso antes de la invasión. Irak no era el único país que podía estar desarrollando un programa de ADM. Muchos países lo están haciendo. Si EEUU los quiere conquistar a todos, tiene un trabajo pesado por delante, un trabajo desmesurado y costoso, incluso para los propios EEUU.

¿Y qué pasa con Corea del Norte? No las desarrolló sino que las compró directamente. Tiene tanto las armas como los misiles para llevarlas a destino. Sin embargo, los EEUU no han dado señales de conquistar Corea del Norte. ¿Motivo? Nadie en la administración Bush ha dado una respuesta creíble para responder esa pregunta. Uno podría conjeturar que Bush no quiere que los ciudadanos (norte)americanos sufran un ataque de proporciones similares a las que padecieron los iraquíes. Lo cual es un incentivo fabuloso para aquellos países que se encuentran desarrollando programas de ADM y que no quieren ser invadidos por EEUU. El efecto de una invasión para prevenir la expansión de ADM ha provocado, por el contrario, un fuerte incentivo para que aquellos que tienen ADM las sigan desarrollando.

No, la amenaza bacteriológica no era una preocupación para el presidente. Fue una herramienta de propaganda que se utilizó para conseguir apoyo a la invasión de Irak. Los ingenuos (norte)americanos se lo creyeron por unas pocas semanas pero, una vez que comenzó la invasión, perdió toda credibilidad.

La administración Bush había previsto esto y tenía otra explicación de repuesto, una que ya se intuía desde que se catalogó a la invasión como "Operación Libertad Iraquí":

3.   Saddam es un dictador brutal que oprime a su pueblo y deberíamos liberar a los oprimidos de sus opresores.

Al tiempo que la televisión mostraba a los iraquíes flameando banderas norteamericanas en señal de bienvenida a los soldados invasores, (y pidiéndoles agua, comida y medicamentos, los cuales escaseaban debido a la invasión), Bush y sus adláteres proporcionaban una nueva explicación que remplazaba la ya desacreditada versión sobre las ADM: los EEUU invadían Irak para liberar a su pueblo de su cruel dictador. Esta explicación contenía una virtud que las otras no tenían: contenía un elemento de verdad, a saber, Saddam era un brutal opresor que oprimía a los iraquíes.

Pero esta razón también carecía de sentido. Si ser un brutal dictador era motivo suficiente para ser odiado por el establishment militar estadounidense, entonces los EEUU tenían muchos otros países para invadir. Según Freedom House de los 192 países independientes que existen en el mundo 42 estados además de Irak no son "libres". Si los EEUU van a invadirlos a todos tiene una tarea hercúlea por delante ya que esos países están poblados por la tercera parte de la población mundial y tres de ellos poseen armas nucleares. Incluso si los EEUU no atacarían a esos tres países quedarían todavía 39 invasiones más por realizar.

Aunque EEUU haya tenido el poderío suficiente para invadir y conquistar dos países pequeños como Irak y Afganistán, debería recordarse que esas operaciones militares costaron un año y medio de tiempo y más de 100 mil millones de dólares. Montar 39 invasiones más tendría un costo sideral. Y si decidiera atacar además los países con armas nucleares el costo sería incalculable.

Si los estadounidenses le hubieran echado una mirada a sus aliados en la invasión de Afganistán hubieran notado que muchos de sus aliados eran también dictaduras. Omán, Pakistán, Qatar, Arabia Saudita, Tadzhikistán, Turkmenistán, los Emiratos Árabes y Uzbekistán están catalogados por Freedom House como países "no libres". Es de suponer que si el propósito de las invasiones norteamericanas había sido liberar a los oprimidos, los dictadores de aquellos países se hubieran opuesto a brindarle su apoyo.

Bush no había mostrado nunca simpatía por los iraquíes y existen docenas de países con dictaduras comparables a la de Saddam. Seguramente, si Bush hubiera querido limpiar el mundo de dictadores lunáticos, hubiera comenzado en algún otro lugar, algún lugar donde él y los EEUU tienen fuertes intereses, por ejemplo, Cuba.

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Las decisiones políticas en EEUU siempre tienen tanto una argumentación como una lógica. La argumentación es la explicación que se adapta al paladar del público pero que no se sustenta al escrutinio lógico; Su lógica es su verdadero motivo. La decisión de Bush II de restringir las importaciones de acero fue ofrecida al público como un esfuerzo a fin de proteger los puestos de trabajo de la industria norteamericana. Esta medida logrará protegerlos, de acuerdo, pero a un costo que se pagará vía impuestos más altos y con un aumento del precio del acero para el consumo interno. Sería más beneficioso darle una ayuda al trabajador desplazado proveniente del Tesoro norteamericano e importar acero más barato. Pero el presidente no propuso esta medida; los votantes no pagarían el subsidio directo a los trabajadores del acero. Así que el presidente se contentó con decirle al público lo que quería oír al tiempo que compraba los votos de los trabajadores a un costo aún mayor. Su argumentación fue la protección de los puestos de trabajo; su lógica fue ganar el apoyo político de las acerías y sus trabajadores.

Obviamente muy pocos (norte)americanos han visto esto. Lo más sencillo es aceptar una u otra argumentación a favor de la conquista de Irak, a pesar de que no tienen más sustento lógico que los subsidios a la industria del acero vía restricciones a la importación. Los (norte)americanos están muy ocupados envolviéndose en la bandera norteamericana y celebrando una victoria sobre un dictador de poca monta para tener que perder el tiempo analizando cómo sucedieron los hechos.

Poca gente, mayormente quienes sienten un fuerte rechazo hacia el presidente, han ido demasiado lejos en una banal esfuerzo por aclarar el engaño. En consecuencia, todos casi sin excepción, han dado con la teoría de su "real" motivación, la cual no tiene más sentido que las absurdas explicaciones anteriores ofrecidas por el mismo Bush.

Me refiero, por supuesto, a la cuestión del petróleo. Los hechos que se presentan a favor de esta teoría son: Irak tiene mucho petróleo. EEUU importa mucho petróleo. Bush estuvo alguna vez en el negocio petrolero. También lo estuvo su vicepresidente. Bush padre atacó Irak una década atrás y citó la seguridad del suministro de petróleo como una de sus razones para hacerlo.

Todo eso es verdad pero no alcanza para explicar una invasión o una conquista. Los EEUU importan muchísimo petróleo y mientras más bajo es el precio que pagan por éste, menores son los costos de importación. Esto le da a los EEUU un argumento para mantener el precio del petróleo lo más bajo posible. La invasión de Irak, ¿bajará el precio del barril de crudo?

Ciertamente que no. Logrará el efecto contrario aumentando su precio. Por un lado, las invasiones demandan mucho combustible lo cual hace crecer la demanda significando un ... -al menos que, bueno, las leyes de la oferta y demanda fueran derogadas cuando yo no miraba,- aumento de los precios. Más aún, destruir los pozos petroleros iraquíes impediría obtener el producto e introducirlo en el mercado. Por lo tanto, el precio se dispararía, al menos en el corto plazo como ya ha ocurrido.

En el largo plazo, el suministro de petróleo depende de cuán motivados para vender estén los propietarios de pozos petrolíferos. Y Saddam Hussein estaba entre los más motivados del mundo para vender petróleo alrededor del mundo. Su dictadura era cruel y poco popular, lo cual significaba dos cosas:

1.    Estaba fuertemente motivado a mantener los impuestos bajos para poder dominar la oposición interna. The Wall Street Journal reportó que solo había impuesto dos obligaciones fiscales, un impuesto sobre la herencia y otro sobre la propiedad horizontal. Los iraquíes no tienen ni impuesto a las ganancias ni impuesto al valor agregado. La venta del petróleo pagaba casi todos los costos del gobierno.

2.   Estaba fuertemente motivado a subsidiar todo tipo de emprendimiento doméstico y de proveer una larga lista de ayudas públicas con tal de conseguir apoyo popular. Los costos de estas ayudas se obtenían gracias a la venta de petróleo.

Saddam estaba más motivado a vender petróleo barato que la familia real de Kuwait. Saddam tenía 24 millones de bocas que alimentar mientras que la realeza de Kuwait tiene sólo 860 mil. Los dos países tienen casi la misma cantidad de petróleo bajo su suelo. ¿Quién estaría más interesado en venderlo más rápido? No es nada sorprendente que, antes de la primer Guerra del Golfo, Kuwait producía menos de 2 mil millones de barriles de crudo por día, mientras que Irak 3,5 mil millones por día según la CIA World Factbook. (www.iraqresearch.com)

¿Por qué Bush I nos quiso hacer creer que Kuwait debía ser liberada para asegurar el suministro de petróleo? Casi seguro, los adláteleres de Bush I proveyeron de tales explicaciones a la opinión publica por la misma razón que el séquito de Bush II justificó la invasión en 2003: fue una cortina de humo para conseguir apoyo en una guerra. Cuando los (norte)americanos se horrorizaron por ir a la guerra por petróleo barato, Bush I cambio sus argumentos por otros. Hoy ese argumento solo vive en las mentes conspirativas y en los imbéciles de izquierdas, quienes no recuerdan lo poco que ayudó a Bush I el argumento del petróleo barato.

Entonces, ¿por qué Bush II decidió atacar Irak? No voy a intentar aquí dar una respuesta definitiva a esa pregunta pero voy a ofrecer algunos indicios.

La personalidad de Bush y la evidencia a mano sugieren dos hipótesis. Él es un político que valora su popularidad y que está decidido a mantenerla bien alta. Sabe que los presidentes que provocaron y ganaron guerras usualmente ganan mucha popularidad. Además, es un moralista como el que no habitaba la Casa Blanca desde los tiempos de Woodrow Wilson. Ha descrito sus actividades anti-islámicas como "cruzadas", y su comportamiento es coherente con el de los fanáticos que luchan por destruir a su oponente. Y es el hijo dilecto de un hombre que invadió y derrotó a Saddam, pero que se guardó para sí el asalto final, por lo cual cayó en desgracia y fue uno de los dos presidentes del siglo XX que no fue reelegido. Sospecho que sus motivaciones podrían encontrase entre una combinación de todas estas razones.

La teoría de la elección pública (public choice) es un método de análisis que examina a los políticos como si fueran personas comunes y ordinarias, atraídos por las mismas motivaciones e incentivos que el resto de los mortales. Como el Premio Nóbel James Buchanan ha observado, es la política sin el idilio.

Desafortunadamente, la public choice es con frecuencia limitada al análisis de las regulaciones gubernamentales, los impuestos y demás temas por el estilo. Los cientistas políticos la encontrarían como una herramienta muy eficaz para entender las absurdas explicaciones que ofrecen los mandatarios para justificar su política exterior y otras decisiones de orden político. Los norteamericanos que quieran entender el mundo en el que viven para dejar de ser engatusados por sus gobernantes y la histeria generalizada que caracteriza a muchos de sus compatriotas deberían examinar la política ausente de romanticismo. Deben prestar atención, no a las explicaciones que ellos desean encontrar, sino a los motivos, conscientes e inconscientes, que de alguna manera se conectan con los beneficios que el político busca.