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EDITORIAL

 

 

 

 

La impunidad alimenta más corrupción

 

 

 

 

El no juzgamiento de personajes corruptos como el ex presidente García, 

es un pésimo ejemplo de moralidad para nuestra juventud.

 

El año 2014 ha pasado sin asistir al enjuiciamiento del señor García, conocido y confeso narco indultador que goza aún de libertad, gracias a sus partidarios infilrados en el Poder Judicial peruano. Ha sido condenado a 13 años de prisión su operador, Facundo Chinguel, pero el firmante de todos y cada uno de los indultos está libre de acusación.

Las conclusiones de la Megacomisión que se formó en el Congreso han sido cuidadosamente ocultadas a la población por la gran prensa de alquiler, hija vergonzante del fujimorismo. Por el contrario. estos medios dan amplia audiencia a los personajes que se beneficiaron de los gobiernos de Fujimori y García. El poder mediático nos dice qué debemos ver y que no les conviene que sepamos.

 

Los expertos en analizar la corrupción en el Perú concluyen que ésta prospera porque es exitosa, es decir, rinde réditos económicos y políticos, con solo controlar a los jueces, mover sus influencias en el PJ y en los organismos públicos.

Sin embargo, encontramos otra raíz tan o más importante: esta sociedad, levantada en base al individualismo y la búsqueda frenética de la ganancia (bien o mal habida), es el campo de cultivo propicio donde florecen sus productos sociales: recorte de derechos laborales, enriquecimiento gracias a coimas, negocios turbios, narco tráfico y organizaciones para delinquir, etc. y su contraparte indispensable: jueces vendidos o "disciplinados compañeros" de un viejo partido político que va a cumplir un siglo de existencia, con experiencia en el tráfico de influencias para vivir del Estado e infestar los tribunales de justicia. 

Las luchas gremiales y protestas estudiantiles nos indican que el camino de la movilización es la única salida digna frente al neoliberalismo, sus partidos decrépitos y el poder mediático que destroza honras a los que se le oponen. 

 

Mientras, el gobierno actual triunfador de las elecciones del 2011 gracias a un programa y fuerzas políticas sanas se apresuró en darles la espalda. Desde entonces no tiene rumbo definido; es un barco a la deriva al vaivén de las presiones de la derecha rancia, que es la que realmente controla la situación y prepara su recambio el 2016. Ollanta está pagando la factura de su retroceso.

 

Una nueva sociedad peruana solidaria y democrática aún nos espera...

Por ahora, como decía un viejo locutor deportivo: "no pasa nada..."

 


     

"Los cabecillas de la corrupción, a la cárcel !!"