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AUTISMO TECNOLÓGICO

 Por Hugo O’Connor

¡Oye, caminas y hablas solo!!!... ¿acaso te pasa algo?.

No, es que estoy con mis audífonos y mi celular…

Vivimos una época compleja, en la que la tecnología basada en los grandes avances de la ciencia, especialmente la rama electrónica, ha irrumpido vertiginosamente en todos los ámbitos de la sociedad capitalista moderna, tomando a muchos por sorpresa y aún sin poder asimilarla.

Contradiciendo las profecías apocalípticas del político ruso León Trotsky (repetidas por sus seguidores), las fuerzas productivas capitalistas no han cesado de crecer. Al impulso de los avances tecnológicos del siglo XX, el gran capital se ha dado maña y ha sorteado al menos 2 grandes crisis económicas globales, trasladándolas a los países dependientes de los centros de poder mundial, ahondando las inequidades y exclusiones de un gran sector de la humanidad.

¿Y cómo ha marchado el resto del mundo?

El siglo pasado se ha caracterizado por los mayores avances tecnológicos de la historia ya que, a pesar de dos guerras mundiales de auto exterminio, la humanidad ha visto nacer, crecer y desarrollarse medios de comunicación y de transporte de un modo vertiginoso. Hasta hace poco solo se apreciaban los efectos positivos en estos cambios y la producción de bienes a gran escala, cada vez más sofisticados. Así por ejemplo, la radio, la televisión, los teléfonos y muchos artefactos electrónicos han ido reduciendo de tamaño y también haciéndose más potentes, ampliando su acceso para millones de personas.

En el último medio siglo, el surgimiento de la Internet, impulsó aún más la incorporación de cientos de millones de seres humanos a lo que se le denomina hoy “la sociedad de la información”. Sin embargo, en las últimas décadas de febril mercantilismo, se están produciendo drásticas modificaciones en el comportamiento humano, hacia un extremo individualismo, que se ha convertido en serio problema que motiva esta reflexión.

Hace apenas 3 décadas, surgió el reproductor de audio “walkman” de uso estrictamente personal, gracias a sus audífonos o auriculares, para que la persona disfrutara de música, mientras caminaba. Luego surgirían los reproductores mp3, mp4, también basados en el uso de audífonos; mientras tanto hizo su aparición el teléfono celular, que al poco tiempo se haría de uso masivo e incorporaría en el mismo equipo, múltiples funciones, incluyendo acceso a internet, chat, mensajería y otros. Por su lado, la computadora personal, sea PC o Laptop, incorporó los juegos electrónicos que habían nacido con las máquinas “pinball”, y se han convertido en una seria adicción para grandes sectores de la juventud.

Muchos sostienen que el mundo está hoy cada vez más comunicado y que las distancias geográficas se han acortado entre los seres humanos, lo cual es cierto. Sin embargo, dado que vivimos en una sociedad en la que se exalta, vía publicidad cotidiana, el individualismo (que es otra forma de decir egoísmo), se está acentuando un novedoso autismo, que aísla a la persona de su entorno inmediato.

Simplemente miremos en las calles, en el autobús, en el parque o en las oficinas. Cada uno va con sus audífonos, sea para oír música o recibir alguna llamada. Entremos a las salas de juegos electrónicos o cabinas y veamos en qué “matan el tiempo” los adolescentes, ensimismados en sangrientos combates virtuales.

Sin darse cuenta se está construyendo una barrera invisible en torno de cada individuo. La conversación directa persona a persona, el saludo cordial, el reconocimiento visual con las demás personas, el paisaje, la naturaleza, o incluso las indicaciones de tránsito vehicular o peatonal, se hacen cada vez menos visibles.

Los sociólogos, antropólogos, educadores y psicólogos nos podrían ayudar mucho a comprender y atender esta creciente deformación del comportamiento de nuestros semejantes. Lo más grave es que el individualismo viene a ser hermano de la indiferencia y eso si corroe el tejido social, lo atomiza y lo debilita, le impide plantearse tareas colectivas, sean inmediatas o históricas.

Contra estas evidencias se nos dirá que las redes sociales son un magnífico espacio de concertación de voluntades. Sin dejar de ser cierto esto último, está limitado a ciertos sectores y movimientos renovadores (el que también usan grupos conservadores y extremistas intolerantes), mientras que la mayoría de población marcha por otros caminos, de creciente aislamiento de la familia, el barrio, el trabajo.

 Para empezar, propongámonos discutir el tema en nuestra casa, en nuestro círculo de amistades. Busquemos como reforzar nuestros lazos solidarios con nuestros semejantes. Propongamos actividades conjuntas de beneficio mutuo o para otras personas que puedan requerir nuestro apoyo.

 Ya pues…dejemos por un rato los audífonos!!